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miércoles, 15 de junio de 2016

HOY EN EL LABO

Hace tiempo, una amiga no científica me dijo en medio de una conversación sobre trabajo:

-Tía, no me puedo imaginar a qué es lo que haces en tu trabajo.

Podía haberle contestado; pero se habría muerto de aburrimiento mientras intentaba meter en su cabeza imágenes abstractas de lo que hago cada día.

Como sé que uno de los problemas de la comunicación científica es el alto nivel de especialización técnica del trabajo diario en el laboratorio, que hace imposible de entender al ciudadano medio cómo se realizan los descubrimientos que luego adornan los periódicos, he decidido ponerle remedio mediante una página de Tumblr, llamada Hoy en el labo, donde subiré fotos y explicaciones sencillas de algo que haya hecho ese día en el laboratorio, de los aparatos que usamos y de cómo es nuestra vida en general. El primer post está dedicado a las pipetas, herramientas básicas y extensión de la mano de cualquier biólogo molecular dada la cantidad de veces que las usamos al día.

A ver si os mola la página y/o si soy capaz de actualizarla más a menudo que esto, que ya me vale el ritmo de caracol que me gasto, no? Pues eso.

jueves, 14 de abril de 2016

TELECIENCIA: JESSICA JONES Y LOS VIRUS MENTALES

Jessica Jones es una serie cuya primera temporada ha sido emitida en 2015 en la plataforma Netflix. Como es probable que mucha gente no la haya visto aún, tengo que avisar de que este post es un enorme SPOILER.

Hace tiempo que quería escribir esta entrada y se me resistía, quizás porque comencé esta sección diciendo que no iba a atacar la ciencia-ficción, y Jessica Jones, serie sobre una superheroína de la factoría Marvel, podría entrar en esa categoría difusa entre fantasía y ciencia-ficción. Pero también he dicho que hay una creciente cientificación  de las retóricas y argumentos de las series, para intentar dar una explicación real a lo que se ve en pantalla, y este es un buen ejemplo de lo que pasa cuando alguien que no conoce lo más básico sobre un tema intenta usarlo para dar crédito a un argumento de pura fantasía: que se le va de las manos.

El argumento de Jessica Jones trata sobre una superheroína neoyorkina que se refugia en un mar de bourbon para intentar olvidar a un villano, Killgrave, que controla las mentes de las personas forzándolas a hacer su voluntad. Se había obsesionado con ella, obligándola a mantener una relación con él y abusando de ella sexualmente en repetidas ocasiones. Al comenzar la serie, ella le cree muerto; pero no lo está, y vuelve a por ella. Toda la trama consiste en intentar encontrarle y acabar con él antes de que siga haciendo daño a más inocentes y de que consiga su objetivo de volver a doblegarla bajo su control mental.

A medida que avanza la serie, los guionistas intentan explicar los orígenes de Killgrave y la fuente de su poder. Por lo general, en los cómics, los personajes como él simplemente tienen una habilidad para entrar en las mentes de sus objetivos y alterar sus pensamientos (como hace el Dr. Charles Xavier, de los X-men), cualidad paracientífica llamada mentalismo. Sin embargo, los guionistas de Jessica Jones debieron pensar que la paraciencia a lo Cuarto Milenio ya aburre y que molaba más buscarle una razón biológica al asunto. Y así, Killgrave pasó a ser un villano que, siendo persona, es también un virus. Un puñetero virus.

Ellos lo explican así: cuando Killgrave entra en una habitación, con su presencia infecta a todas las personas que hay en un radio determinado de forma instantánea, afectando su voluntad cuando él habla. Por eso, meten a Killgrave en una celda de metacrilato, y como no tienen contacto por aire con él, no puede controlarles. Tampoco les hace nada cuando hablan con él por teléfono, porque los virus (menos mal que esto lo tenían claro) no se transmiten por línea telefónica. Si se ponen unos cascos con música a tope, tampoco les afecta porque no le oyen. La influencia de Killgrave se pasa tras un día lejos de él, cuando se te pasa la infección.

Aquí todas las razones que hacen que esto sea una absoluta chorrada:
  1. Un virus es un microorganismo muy básico que no nace, ni crece, ni se alimenta; lo único que sabe hacer es multiplicarse. Para ello, necesita entrar en una célula y usar “de prestado” (y sin consentimiento) su maquinaria interna para hacer muchas copias de sí mismo y salir de allí en busca de más células donde multiplicarse otra vez. Fuera de la célula no tiene ninguna actividad, como si fuera un objeto inanimado. Así que eso de que una persona tiene una presencia que es un virus, ni hablar.
  2. Efectivamente, los virus se pueden transmitir por el aire; pero no van por ahí flotando y rodeándonos malignamente en las ondas sonoras de la voz, sino que son llevados por aerosoles, partículas diminutas de líquido que se proyectan naturalmente cuando hablamos, tosemos o estornudamos, o cerca de fuentes/grifos/cascadas/etc. de agua, y que nos entran por las vías respiratorias cuando estamos cerca. Así que eso de que te tapan los oídos y el virus pasa de ti, naranjas.
  3.  Para que un virus te infecte y te pongas malo (en la serie, que controle tu mente), tiene que ocurrir un período de incubación: el período de tiempo desde que tu cuerpo está expuesto al virus hasta que manifiestas la enfermedad, y durante el cual el virus tiene que entrar en tu cuerpo a través de las defensas exteriores (piel, mucosas), encontrar una célula que le venga bien (no todos los tipos de virus infectan todos los tipos de células), entrar en ella, sortear sus mecanismos internos de defensa, conseguir usar su maquinaria, hacer muchas copias de su información genética y de su envuelta, salir haciendo pupa a la célula, y repetir en un montón de células más como para que nosotros notemos el efecto del jaleo que hay dentro. Los períodos de incubación varían mucho entre los distintos virus, y entre los más cortos se encuentra el virus de la gripe (de 1 a 4 días) y el del catarro común (de 2 a 5 días). Así que eso del efecto inmediato del virus/persona Killgrave, ni de Blas.
  4.  Además, un virus que afectara al comportamiento de una persona tendría que infectar necesariamente a las neuronas. El cerebro está protegido de las infecciones mediante una barrera especial llamada hematoencefálica, que forma una pared que deja pasar nutrientes de la sangre pero no células o microorganismos a las neuronas, para evitar infecciones en esa parte tan frágil de nuestro cuerpo. Sin embargo, sí que hay virus que son capaces de alterar esa barrera para poderpasar, como el herpes, el virus de la rabia, el de la polio o el VIH. Estos virus inflaman el tejido cerebral al infectarlo, produciendo una encefalitis que conlleva la muerte (rabia), parálisis (polio), demencia (VIH)… todas enfermedades con un pronóstico muy malo y de fuertes secuelas. El herpes puede llegar a causar fiebres, convulsiones y pérdida de memoria, pero por suerte a la mayoría de la gente sólo le causa recaídas con llagas en los labios/zona pélvica/espalda haciéndose crónica. Así eso de que la infección de Killgrave se pasa en unas horitas y santas pascuas no se lo cree ni Rita.
Por todas estas cosas la trama de Jessica Jones es una absoluta chorrada que, si se hubiera quedado en somos todos muy poderosos y ya está, habría sido una serie de superhéroes muy chula. Pero cayó en la tentación de la cientificación, intentar usar la ciencia para explicar algo que, simplemente, no es ciencia.

lunes, 30 de noviembre de 2015

NO ME HABLES DE CIENCIA, POR FAVOR


A pesar de que la sociedad española es bastante desconocedora de lo que concierne a nuestro trabajo, ha habido en los últimos años un creciente interés por él. Esto hace que cualquier científico se encuentre en situaciones de ocio en las que el tema gira en torno a en qué consiste su trabajo y por qué lo hace y para qué sirve. Mientras que, por un lado, agradecemos enormemente el positivo cambio ocurrido respecto al acercamiento del público a la ciencia, por otro lado, a veces quedamos hasta los mismísimos de hablar de ella. Me explico:

Como he contado en otra ocasión, los científicos nos dedicamos a este trabajo por una cuestión de amor al conocimiento. Este conlleva una dedicación tan completa que existen momentos, sobre todo en la fase final del doctorado, en el que no sabemos pensar en otra cosa que no sea el laboratorio. Sin embargo, eso no significa que nos apetezca hablar toooodo el día de ciencia. Muchas veces, al salir del laboratorio, lo único que quieres es desconectar la mente del todo, quedarte en blanco o emborracharte hasta olvidar tu nombre (en situaciones de alta frustración). No es raro, sino común, que haya investigadores notables enganchados a programas de televisión estilo Gran Hermano o similares (yo, por mi parte, prefiero una maratón de películas de Bruce Willis y varios kilos de comida basura). Por lo general, nos pasamos el día (nuestra jordana laboral suele rondar las 12 horas diarias) rodeados de científicos hablando de lo jodidos que estamos; así que cuando estamos en un evento social, especialmente si no hay compañeros del gremio entre los asistentes, no queremos hablar de ciencia.

El problema de hablar de ciencia fuera de nuestro ámbito es, sobre todo, un problema de la falta de cultura científica de nuestra sociedad, unido a un segundo problema que es la mediatización mediocre de la misma. En condiciones normales, aprenderíamos así:
  1. Oímos algo sobre un tema.
  2. Recibimos una educación o aprendizaje sobre ello, aumentando nuestro conocimiento en mayor o menor medida.
  3. Con este conocimiento, conseguimos distinguir lo que es verdad de lo que no sobre ese tema.
  4. Opinamos.

Dado que la cultura científica es algo casi inexistente en España, que ahora está de moda decir que nos interesa mucho la ciencia y que a los españoles nos gusta más opinar que a Juanele un cubalibre, esto es lo que soléis hacer los no científicos:
  1. Oís algo sobre ciencia en la tele/lo leéis por internet/os presentan a alguien que se dedica a esto.
  2. Opináis sin saber de qué están hablando.
  3. Os explican de qué va el tema.
  4. Escucháis atentamente pero con vuestra idea ya en la cabeza y bien amarrada ahí.
  5. Volvéis a opinar lo mismo que antes.
  6. Bucle infinito.

Esto es aplicable a escenas en las que alguien me intenta convencer de que la homeopatía funciona, de que todos los científicos somos unos malos malísimos que torturan a los animales o de que me he ido a hacer el postdoc fuera sólo porque los recortes científicos me han obligado. Con algunas personas he tenido conversaciones de una hora entera explicándoles (con esquemas y todo) que aquí no hacemos magia, que la cura de una enfermedad no aparece al grito de “¡Eureka!” mirando el microscopio, sino tras DÉCADAS de investigaciones independientes de miles de científicos a nivel mundial, de las cuales el 90% acaban en callejones sin salida; conversaciones que terminan con un: “Entonces, tú quieres curar el infarto de miocardio, ¿no?” Pues no, lo que quería era poder terminar esta copa sin darme cuenta de que te importa un pijo lo que te acabo de contar, anda. Y si ya el experimento que he dejado corriendo en el labo y que tengo que ir a terminar mañana domingo a las 10 a.m. me sale, cojonudo, una semana de puta madre.

El cabreo máximo llega cuando alguien te dice que le encanta lo que haces y diatriba sobre ello durante horas, utilizando frases paracientíficas dignas de Cuarto Milenio, o diciendo que lo saben porque tienen un amigo que es científico (luego les preguntas que en qué centro está, o de qué va su tesis o su proyecto y no tienen ni idea; pero tener un amigo científico es el comodín para opinar sobre ciencia. Es el nuevo “yo tengo un amigo informático que sabe un montón”). Y con el tema de la crisis todo el mundo se hace eco de los recortes en ciencia, qué mal está todo para vosotros y tal; pero realmente nadie sabe cómo estaba antes (igual de jodido con algo más de dinero, pero que no revertía sobre nuestras condiciones salariales sino sobre los proyectos).

Hay otro caso que yo entiendo perfectamente pero me da mucha pena, y es el del conocido al cual un familiar ha sido diagnosticado de una enfermedad y viene a preguntarte, porque eres científica y a lo mejor sabes si se está investigando sobre ello, o si conoces alguna cura o si tienes una segunda opinión. Me duele en el corazón decirles a estas personas que no puedo ayudarles, decirles que no puedo darles más esperanzas para su padre enfermo de cáncer, para su hermana con una trombosis, para su primo con hipertrofia cardiaca por hacer mucho deporte. No puedo hacer nada, ni recomendarles a nadie, porque mi mundo es la pipeta y estoy muy lejos de la gente que se dedica a salvar vidas, y eso me parte el corazón.

Así que por favor, pensaros muy bien lo que nos queréis contar, preguntar o compartir. No todo es opinable ni solucionable ni te lo puedo explicar mientras me tomo un café contigo antes de entrar al cine. Si quieres saber de Ciencia, de mi vida, por favor: no me hables de ciencia. Escúchame hablar de ciencia. Con paciencia y la mente abierta. Y nunca cuando me veas cara de querer desparramar.


Porfi.

martes, 22 de septiembre de 2015

TELECIENCIA


Hoy voy a empezar una nueva serie de posts con el título “Teleciencia”. Su objetivo será matizar, corregir o refutar datos y conceptos científicos que aparecen en la televisión y el cine.
Creo que es importante señalar que durante la última década ha habido un importante avance en la visibilidad de la ciencia en la sociedad gracias a series y películas que tratan sobre trabajos científicos, como Bones, CSI o House. Esto ha sido muy positivo, ya que ha hecho más cercano el mundo de la ciencia a todos. Sin embargo, la mayoría de los trabajos cinematográficos realizados tienen en común que dejan a un lado la precisión de los datos señalados (y, a veces, la pura lógica) para que la trama vaya por donde los guionistas quieren. Esto conduce a una confusión sobre muchos conceptos básicos de la ciencia y, más importante, sobre en qué consiste el trabajo de un científico.
Ojo, es importante señalar que no estoy hablando de ciencia-ficción. En este género se presupone la parte de ficción, como su propio nombre indica. Me refiero a producciones en las que todo el argumento se baña en un halo de veracidad científica para luego pasarse los conceptos más básicos por donde la espalda pierde su nombre. La gente retiene datos que no son ciertos y luego pasan cosas como el Efecto CSI.

Así que, para inaugurar la serie, traigo dos ejemplos:

-CSI Las Vegas. Episodio 13x03: “Flores Silvestres”
Al principio de este episodio, los criminalistas acuden a una fiesta techno en el desierto donde se ha encontrado un cadáver muerto por un balazo. Una de las pistas que tienen para saber qué pasó consiste en buscar la procedencia de una bombona de gas nitroso (el gas de la risa, al parecer hay gente que se droga con este gas en Estados Unidos). En la serie se refieren al gas nitroso (N2O, ene-dos-o) como N20 (ene-veinte).
El error: llamar así a este gas es incorrecto. Su fórmula química es N2O, es decir, está compuesto de dos átomos de nitrógeno (N) y una de oxígeno (O). Asumí al oírlo que o bien el guionista o bien la actriz de doblaje habían metido la pata y, al leer la fórmula química, habían interpretado la O como un cero, y de ahí lo de ene-veinte. Sin embargo, una sencilla búsqueda en Google me hizo darme cuenta de que hay gente en este mundo en el que vivimos que lo llama así, supongo que por la misma razón que he propuesto. No me parece, aún así, razón para plasmar esta incorrección en la serie. Para que os hagáis una idea, es como si al agua (H2O, hache-dos-o) lo empezáramos todos a llamar hache-veinte. Sin sentido.
La solución: Guionistas del mundo, si no sabéis formular química, no lo hagáis. La protagonista podía haber dicho óxido nitroso todas las veces y salir airosa. En resumen, Manolete, si no sabes torear, pa’ que te metes.

-Bones. Episodio 9x14: “The Master in the Slop”
La Dra. Cam Saroyan es galardonada con un premio de la revista Science a la mujer científica del año. La Dra. Brennan se siente molesta porque cree que ella se merecería más el premio al ser más inteligente que Cam. Al final, Cam pide a la revista Science que el galardón sea compartido entre ella, Brennan y Ángela ya que son un equipo. Acceden, y les mandan unos bikinis con las caras serigrafiadas de genios científicos masculinos, ya que van a hacer un calendario de científicas sexys para recaudar dinero porque la revista tiene problemas económicos.
El error: No sé por dónde empezar. Por un lado, Science es una de las revistas científicas más importantes del planeta, perteneciente al grupo editor AAAS (American Association for Advance of Science), que en el balance financiero del año 2014 declararon unos activos netos de más de 120 millones de dólares. No sé dónde veis vosotros las dificultades financieras, yo firmaba por ellas ya. Por otro lado, sólo pensar que las científicas más prominentes de Estados Unidos vayan a posar en bikini para un calendario es una ridiculez de lo más absurdo. Durante los últimos tiempos ha habido una serie de movimientos entre las mujeres de la ciencia con afán de aumentar su visibilidad profesional y recibir los reconocimientos negados por la historia. Cualquier evento o declaración que huela a machismo o exhibicionismo femenino acaba mal parado. Dos ejemplos cercanos en el tiempo son las fatídicas declaraciones de Tim Hunt y la campaña de la UE para atraer a las chicas jóvenes a la ciencia (aquí el vídeo al que se refieren).
La solución: Siempre había visto Bones como un ejemplo de serie científica modélica en el sentido en el que las mujeres llevan el peso de la investigación y reciben un reconocimiento público por ello, pero me equivocaba. Está claro que el guionista de ese episodio pensó que era muy divertida la solución que presenta, independientemente de en qué posición nos deja a las mujeres. En resumen, la ciencia también es cosa de mujeres, y las series deberían reivindicar su olvidado papel en lugar de reducirlo a un chiste malo.

Recordad: sed críticos y no os creáis todo lo que veis :)